Ellen Allien, la mujer que cayó al Mar, por Paco Vásquez
It’s nice to take photos with not much makeup, and it’s not about the clothes and the styling or all this shit, and it’s more about nature. The wind in the hair, feeling natural… So [for the album], I was thinking, ‘Where can I feel like me? It’s the sea!’ It’s an honest album, it’s an honest cover. It’s honest.
Ellen Allien
Si el Techno es un vocabulario, Ellen Allien es una de sus artífices. Uno de esos últimos volúmenes léxicos del Techno berlinés es New Life (BPitch, 2026), álbum por demás emocionante, tras seis años de espera, luego del AurAA (BPX, 2020), fruto de una nueva brújula, de un nuevo ejercicio de libertad pocas veces vista en las propuestas sónicas del género electrónico de baile por excelencia. Al menos desde el pandémico 2020 en que fuimos testigos de su presencia en Ciudad de México, con una configuración de cifras dignas de la DJ, como dejamos constancia desde ese momento, tuvimos real conciencia de lo que la berlinesa ejecutaba desde varias pistas: como enérgica y energética DJ, como compositora para los espacios Techno con el feeling teutón y sus variables, como fashionista de la cultura de club naciente, miembro de una comunidad de creciente apertura sexual y política, y claro está como empresaria en la industria de la música con su sello BPitch Control (aka BPitch, BPitch Berlin, BPX, UFO Inc.).
Ellen Fraatz (Berlín, 16 de septiembre de 1968) se nutrió del pan y la sal que dispensaba su madre y que compartía con su hermana mayor, en casa, hasta donde se sabe, en la zona de Tempelhof, en Berlín Occidental, la zona “libre” u occidental de la ciudad. Su otro alimento fue la música que su hermana le proveía a través de discos y salidas a clubes siendo ella aún muy pequeña: cuenta en entrevista para taz.de que, en efecto, con solo ocho años fue a un club del barrio, con su hermana que “tenía muchas ganas de ir al club el viernes, entonces me llevaba con ella.” Había portero, sí, “pero conocíamos al portero porque vivía en el mismo edificio”. “Aquello fue muy formativo. Ese entusiasmo estuvo presente desde el principio. Y continuó incluso cuando me permitieron unirme oficialmente al club juvenil, y más tarde aún cuando me uní a los clubes. Siempre me sentí como en casa en los clubes. Desde el principio, sentí que había encontrado allí una especie de familia sustituta” (trad. automática del alemán).
Entonces, una chica de club que le gustaba su nueva familia y que a los veinte años, allá por 1988-1989, fuera a vivir a Londres con su hermana, se contagió definitivamente con el virus de la música electrónica: electro, techno, acid, house inundaban las cabezas juveniles de uno de los epicentros de la electrónica, como lo era Reino Unido, junto con Chicago, Detroit, Nueva York en Estados Unidos, Bruselas y Berlín en Europa. (Recordemos que el synth pop ya venía por una vía comercial de alta velocidad, al menos desde finales de los setenta y comienzos de los ochenta, con OMD, Human League, Gary Numan, Soft Cell, New Order, Depeche Mode o Alphaville más tarde). Pero la rama de la familia electrónica de acogida para Ellen Fraatz fue otra.
Con el virus en la sangre, la berlinesa comenzó a pinchar y muy pronto se hizo de un estilo, por lo que recibió como regalo su nombre artístico. Lo ha contado numerosas veces, pero recientemente lo dijo así para metrotimes.com: “Hace tiempo, había un bar llamado Fischlabor en Berlín, donde empecé a pinchar. Un amigo mío que trabajaba allí de camarero siempre me decía que mi música sonaba como si viniera del espacio exterior, como en la primera película de Alien. Así que empezó a llamarme Ellen Allien: Ellen del espacio exterior. Los promotores adoptaron ese nombre para mi primer concierto en E-Werk. Me pareció una forma muy bonita y natural de encontrar un nombre artístico, cuando un amigo te llama así por la música que pinchas.”
Cuando uno lee cosas como “alienígena” (su nombre), “UFO” (su sello), “We Are Not Alone” (su proyecto de los dosmiles), asociado al Berlín dividido, con la “vergüenza del otro lado”, no puede uno menos que pensar en David Bowie; encarnación fílmica de Thomas Jerome Newton en The Man Who Fell to Earth (Nicolas Roeg, 1976); alienígena con talentos extraordinarios para los terrícolas en materia de ciencia y negocios que busca llevar agua a su planeta donde su familia muere de sed. O bien cuando se escucha ese verso “You're not alone” que cantó para los jóvenes ingleses desencantados en “Rock 'n' Roll Suicide” del emblemático The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars de 1972. No se trata de emparentar a la DJ alemana con el poliédrico inglés, sino de manifestar puntos de contacto que conforman una cultura que vive interconectada.
Además de la enigmática pieza “Bowie In Harmony” como parte de Alientronic (BPitch, 2019), cuyo visual estuvo a cargo de Pfadfinderei, el colectivo berlinés de diseño asociado al sello, sin referente anecdótico que la conecte con el Duque Blanco; además de esta referencia, Ellen ha comentado en entrevistas, a propósito de lo que escuchaba en su juventud, que “mi hermana me dio Cat Stevens, U2 y Simon and Garfunkel. Tenía todos los cancioneros de David Bowie. Mi madre me pasó un disco de la cantante punk berlinesa Nina Hagen. Sin duda, yo era la única persona en nuestro piso que la escuchaba. Fue totalmente nuevo para mí oír a una gran banda cantando en alemán.” (indexmagazine.com).
Las diferencias, por otro lado, son obvias. Para Bowie el Berlín occidental del último tercio de los años setenta fue un espacio liberador, con las posibilidades que ahora conocemos para poner de manifiesto su creatividad; mientras que en esos mismos años, para la niña que era Ellen Fraatz, la misa ciudad, Berlín occidental, era una isla, un cerco, una cárcel diminuta en la que apenas podía respirar. En entrevistas cuenta que siempre fue consciente del Muro a su alrededor. “Crecí en Berlín Occidental, con el Muro. De niña el Muro me resultaba muy opresivo. Siempre te lo encontrabas. Berlín parecía tan pequeño por su culpa. Teníamos familia en Berlín Oriental, había que pasar por los controles. Era un ambiente muy militarizado; el ejército de Alemania Oriental realizaba maniobras constantemente y había tiroteos. Con eso crecí, incluyendo la Fracción del Ejército Rojo (RAF).”(groove.de/2019/05/22, trad. automática del alemán).
Luego de Stadtkind (2001), Berlinette (2003), Thrills (2005), Orchestra of Bubbles (2006), Sool (2008), Dust (2010), LISm ( 2013), Nost (2017) Alientronic (2019) y AurAA (2020) llega New Life (2026), todo a cargo de BPitch. New Life está cargado de una especial vitalidad, la sonoridad propia del Techno berlinés al que nos tiene acostumbrados, además de algo de intimidad que se deja entre-oír entre track y track. Once piezas componen el álbum envueltas como frutti di mare, un poco salados, un tanto dulces, otro poco aderezados pero todas con ese mar profundo que se siente en toda la boca como cuando gozamos de una ostra del mar del norte. Esos contrastes y profundidad están dados por sonidos “gordos”, llenos de profundidad, por un beat clásico del género, armonías mecánicas y su voz oculta tras distorsiones ambiguas que transita géneros. Atención especial a tres piezas pueden ayudar a disfrutar lo que torpemente se dice: la 3/10 “Lights Off” (4:08 min.), la 6/10 “Steh Auf” (4:22 min.) o la 9/10 “Mein Herz” (4:23 min.).
En “Lights Off”, tercer corte de New Life, se condensa el encuentro entre la memoria del Techno aunque ausente de nostalgia. Mirko Hecktor en Groove identifica en la pieza la antigua conexión entre Detroit y Asia asociada con Technasia y la describe como «futurista, sucia, maquínica y, al mismo tiempo, completamente desorientada»; para el crítico, aquí «Detroit no es citado de manera museística, sino entendido como una herida abierta». Mientras que Stefan Michalzik de Frankfurter Rundschau coincide en situarla dentro del darkwave y observa que, tanto en las sucintas letras como en la música «parecen encontrarse el pasado y el presente». La voz deformada, el impulso mecánico y su atmósfera oscura vierten la tradición en materia inestable y persistente (trad. automática del alemán).
En “Mein Herz”, esa energía colectiva se transforma en una declaración afectiva: «Mein Herz schlägt für dich» —“mi corazón late por ti”—. Garren la interpreta como “una canción de amor transmitida desde el espacio profundo” y señala que su ternura adquiere mayor fuerza después de la urgencia y la protesta que recorren el resto del álbum (mxdwn Music). Niamh O’Connor añade que la canción nace de los asuntos del corazón de Allien y del amor que siente por sus amistades, su comunidad y las personas con quienes se encuentra en la pista de baile (Beatportal). De este modo, “Mein Herz” completa el movimiento iniciado por “Lights Off” y llevado a su punto de máxima intensidad en “Steh Auf”: de la oscuridad maquínica a la insurrección y, finalmente, de la protesta a una comunidad articulada mediante el afecto.
“Steh Auf” concentra con mayor claridad su impulso político y emocional. Claire Francis la define como «un estimulante himno rave con la mirada puesta en nuevos horizontes» y considera que en ninguna otra pieza resulta tan convincente la construcción del mundo sonoro de New Life (DJ Mag). Bram De Meyer encuentra en ella «un bloque de urgencia y fogosidad», sostenido por oleadas crecientes y sintetizadores centelleantes (Dansende Beren) (trad. automática del alemán). Ryan-Lewis Walker amplía esta lectura al presentar el disco como un conjunto de «himnos para la autonomía en una época de ruinas ansiosas» y resumir su posición con una fórmula contundente: «techno como protesta para la gente de la revuelta» (Louder Than War). Pero “Steh Auf” — “levántate”— “también posee una raíz íntima: Allien la escribió pensando en su madre enferma y en el valor cotidiano de levantarse pese al dolor, haciendo coincidir resistencia política, duelo personal y perseverancia” (trad. automática del alemán).
La mujer que cayó al Mar, posiblemente en las húmedas arenas de Tulúm, México, es trazada por una luz dramática que la muestra y casi la desvanece. La foto de portada de New Life envuelve la dimensión sónica como de una elegante y espacial caja de frutos del mar listos para disfrutar por el cuerpo en un baile cósmico en el límite de una nueva dimensión de un íntimo Techno berlinés.
Investigación: Vero Orendain - Arte: emperatrix07