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El blog de Vos Ediciones es el espacio de reflexión y análisis de amplio espectro. Nos interesan las industrias: la de manufactura, la cultural, la artística, así como temas vinculados a las políticas públicas e industriales, las finanzas, la economía, la educación, la música y el ocio.

Arvo Pärt, de Pinocho a Pepe Grillo, por Paco Vásquez

La música es mi amiga. Comprensiva, empática, indulgente, consoladora; una toalla que seca las lágrimas tristes, una fuente de lágrimas de felicidad, liberación y vuelo; pero también una espina dolorosa.

Arvo Pärt

Tras la caída del Muro en Berlín, además de la bendición de la escena Techno y la cultura de Club, la ciudad recibió la "Berliner Messe" de parte del inmigrante estonio Arvo Pärt. El sitio oficial del artista asegura que la primera interpretación de la misa sucedió el 24 de mayo de 1990 en la catedral de Santa Eduvigis de Berlín —la primera iglesia católica erigida en la protestante Berlín luego de la Reforma por Federico el Grande–, durante la eucaristía de la Ascensión y Pentecostés. La cercanía de la iglesia y el club Tresor, tanto en el espacio (a metros de distancia) como en el tiempo (el club fue inaugurado en marzo de 1991), me conmueve de sobremanera.

Arvo Pärt nació un 11 de septiembre de 1935 en Paide, un pequeño pueblo de la campiña Estonia. Según Paul Hillier, anota Alex Ross, “creció tocando un antiguo piano de cola que carecía de registro medio, por lo que solo componía música en los extremos agudos y graves. Estudió composición en el conservatorio nacional de Tallin. Exploró uno a uno todos los estilos musicales a su alcance: neoclasicismo, socialismo, técnicas vanguardistas occidentales como el serialismo y el azar. Incluso incursionó en los happenings al estilo de John Cage, participando en una ocasión en un concierto donde un violín se incendió inexplicablemente.” (Consolaciones: Arvo Pärt). En 1963 se graduó en composición del Conservatorio de Tallin, mientras trabajaba como ingeniero de sonido en Radio Estonia.

A Pärt lo conocimos a finales de los años noventa, entre 1998 y 1999 en una transmisión de “La otra versión” de Opus 94, programa y estación dependientes del IMER. El dichoso programa tenía la virtud de disponer de las piezas de música y los comentarios de manera lúcida, encantadora y por ello encomiable. Javier Platas, titular del programa, se hacía acompañar de especialistas según la pieza musical elegida. La obra de Pärt elegida para tal programa pudo ser Spiegel im Spiegel (1978) o tal vez el Cantus in Memory of Benjamin Britten (1977). Luego de más de 25 años, ya no importa mucho. Sólo destaco que ese día fui movido como por ángeles. Como ha dicho el autor de Für Alina: “Es difícil explicar las reglas [de su método Tintinnabuli] con precisión. Es más fácil escucharlas. Así que, la segunda voz es como un ángel guardián que te acompaña en tu viaje". Soy testigo de ello.  

El estonio avecindado en Berlín muchos años y que ahora habita de nuevo en su espacio natal ocupa un lugar singular en la música contemporánea. Transitó por las vanguardias del serialismo y la dodecafonía y pasó a construir una estética radicalmente depurada, basada en la resonancia, el silencio y la espiritualidad religiosa. Trabajó en radio, teatro y cine, mientras creaba una escritura que resultó incómoda para el aparato cultural soviético, tanto por su apertura a influencias occidentales como por el contenido religioso de obras como Credo (1968). A comienzos de los años setenta atravesó una profunda crisis creativa derivada del rechazo estatal y se apartó parcialmente de la composición. Aunque nada es para siempre y toda crisis cultiva su renacer. Ese doloroso retiro terminó en 1976 e incubó el tintinnabuli, el sistema que marcaría definitivamente su lenguaje musical.

Desde entonces, Pärt escribió algunas de las obras más influyentes del repertorio contemporáneo, como Fratres, Tabula rasa, Stabat Mater, Te Deum y la misa berlinesa comentada. Su exilio en 1980 y residencia en Berlín Occidental coincidieron con una creciente proyección internacional, fortalecida por su relación con ECM Records, Universal Edition, The Hilliard Ensemble y directores como Kristiina Posca, Tõnu Kaljuste o Paul Hillier. Con el tiempo, su música trascendió las salas de concierto para alcanzar el cine, la música coral, el “minimalismo” y el neoclasicismo contemporáneo. Su regreso a Estonia en 2010 y la creación del Centro Arvo Pärt han consolidado también su influencia y su legado documental y pedagógico, al tiempo que grabaciones dedicadas a su obra obtienen premios internacionales y confirman su condición de uno de los compositores vivos más interpretados y reconocibles del mundo.

A sus 90 años de vida, el más reciente premio que le ha sido otorgado es la Medalla Goethe: “El compositor Arvo Pärt se convertirá en el primer estonio en recibir la Medalla Goethe de Alemania, uno de los máximos galardones del país que reconoce la cultura en el extranjero.” El jurado elogió a Pärt “como una figura clave de la música contemporánea, destacando su influencia global y su singular estilo compositivo.” (news.err.ee). Pero ¿cuál es el motivo por el que fue distinguido con esta medalla, según Björn Gottstein en su Laudatio, firmada en Weimar, el pasado 28 de agosto? 

“Hablemos primero de la música. En ella, Pärt consigue entretejer dos concepciones del tiempo. Una reposa en sí misma, da testimonio de la permanencia de la creación, del ciclo eterno de la naturaleza, y nos ofrece sostén y seguridad. La otra es pasajera: avanza con cautela, se despliega y llega después a un final natural. Este segundo nivel temporal nos recuerda que somos huéspedes fugaces en este mundo. Quien escucha la música de Pärt se sumerge en esta dicotomía, incluso cuando no comparte las convicciones religiosas que siempre subyacen en su música. En ella hay una verdad inamovible. Nos brinda consuelo y nos enseña humildad. Millones de personas han podido experimentar esto en obras como Für Alina, Spiegel im Spiegel y Fratres. Sus obras son impecables, de una belleza preciosa y siempre íntimas y personales.” (Trad. del alemán con IA. Texto original disponible en Goethe Institut).

El discurso de agradecimiento de Arvo Pärt a cargo de su hijo, Michel Pärt, alude a la historia, al carácter y a la voluntad creativa de su padre. «No llegamos entre extraños», cita a Arvo. “En Berlín encontró la libertad creativa necesaria para continuar su obra.” “Las palabras –dice Michel– tienen una importancia elemental en su manera de componer. Como él mismo ha dicho: «Las palabras escriben mi música», la paradoja de los lenguajes mutuamente influyentes. “Mi padre describió alguna vez el sonido de su estilo compositivo, llamado tintinnabuli, como: «una superficie neutra sobre la que incluso una brizna de hierba adquiere la importancia de una flor». La clave puede estar en la perfecta delicadeza, casi oriental, del sonido y, sobre todo, de los silencios. (Trad. del alemán con IA. Texto original disponible en Goethe Institut).  

Este premio germano me recuerda el recibido por Arvo Pärt en 2023 a cargo del Polar Music Prize, junto a la hermosa beninesa Angélique Kidjo; premio que otorga el estado de Suecia de manos de sus majestades desde 1989 con una pausa este 2026. El Polar 2023 se dio al estonio porque “ha comparado su música con la luz blanca. Es en el encuentro con el prisma del alma del oyente donde todos los colores se hacen visibles. Quien haya escuchado sus composiciones lacónicas y minimalistas lo comprenderá perfectamente. [Como he dicho, soy testigo]. Influenciado por la música sacra, especialmente el canto gregoriano, Arvo Pärt ha creado el estilo compositivo tintinnabuli, del latín «campana», en el que la música se desarrolla según una estructura determinada.” (polarmusicprize.org)

Otro premio fue el que se le otorgó en el Festival Cervantino de 2012: Premio a la Trayectoria. Por iniciativa del embajador mexicano en Estonia, Agustín Gutiérrez Canet, Pärt vino a México y se presentó en León, Guanajuato, y en Bellas Artes, Ciudad de México, donde tuvimos la fortuna de verlo y escucharlo bajo la dirección de Tõnu Kaljuste y el Coro de Cámara Filarmónico de Estonia. No llegó a nuestro país con las manos vacías. Nos trajo “Virgencita”, pieza dedicada a la Virgen de Guadalupe para coro (soprano, alto, tenor y bajo) a cappella, con un texto adaptado por el propio músico de oraciones tradicionales, cuyo estreno mundial sucedió el 18 de octubre de ese año en el Teatro del Bicentenario leonés. 

Debo cerrar esta nota sobre el compositor destacando un momento decisivo de su carrera y un conflicto quizás irresoluble de la recepción de su obra en la crítica músical y la audiencia en general.

Ese momento decisivo para la obra de Arvo Pärt fue cuando el fundador del sello ECM (que tantos y tan variados artistas de talla mundial nos ha puesto a disposición, como Keith Jarrett, Jan Garbarek, Steve Reich o Meredith Monk), Manfred Eicher, escuchó una pieza del estonio en la radio nocturna mientras conducía. Tuvo que detenerse y orillarse para escucharla sin distracciones. Quedó tan impresionado con lo que escuchó esa noche que tomó la decisión de grabarla y, para ello, crear un espacio en su catálogo sólo para registrar y difundir el trabajo del estonio, llamado New Series. Desde Tabula rasa en 1984, el primer álbum en el sello de Eicher, lo demás es historia.

Lo otro, el conflicto de recepción, radica en la posición del compositor y la crítica musical. El primero, aclara y define su trabajo desde su historia, el proceso, las etapas y las motivaciones de sus composiciones, de su peculiar estilo compositivo, en suma. La segunda, algo superficial y encajonadora de artistas y obras, etiqueta el trabajo del estonio bajo varias etiquetas comerciales, quizá la más trascendente sea la de “holy minimalism” o simplemente “minimalism”; etiqueta que el autor ha rechazado. “A pesar de su amor por las texturas austeras y repetitivas –precisa Alex Ross–, no aprecia la etiqueta de minimalista que se le ha atribuido. «Dos compositores, Philip Glass y Steve Reich, cambiaron el mundo en aquel entonces», dijo Arvo. «Les tengo un gran respeto. Aun así, no soy minimalista. Entiendo que los críticos musicales siempre encontrarán categorías para mis obras y las colocarán en los cajones adecuados, pero llamarme 'minimalista sagrado' suena un poco ridículo».” (Consolaciones: Arvo Pärt). 

No obstante las precisiones expuestas por Pärt y las maneras de la crítica, uno de los elementos que me parece más importante del trabajo conceptual y sonoro de los músicos de los siglos XX y del XXI es lo que está fuera de su alcance. En la obra del artista de De profundis (2008) el silencio ocupa un lugar central. Un ejemplo brillante para conocer la forma y logros de la obra del estonio es la entrevista que la islandesa Björk –la de Homogenic, Selmasongs y Fosora– le hace a Pärt para Modern Minimalists de la BBC en 1997 (nótese el nombre del programa). Veamos una traducción libre del diálogo disponible en YouTube:

Björk: Me gusta su música porque le permite al oyente entrar y vivir dentro de ella.

Pärt: Eso sucede porque necesito espacio para mí mismo. El sonido es un fenómeno muy interesante.

Björk: También escucho dos voces en su trabajo, como Pinocho y Pepe Grillo, su conciencia: una se equivoca y sufre; la otra lo consuela. ¿Existe realmente esa relación en su música?

Pärt: Sí. Una línea puede representar mis pecados y otra su perdón. Una es compleja y subjetiva; la otra, sencilla, clara y objetiva. 

La intuición de Björk es extraordinaria. Ella escucha esa dualidad en la obra de Pärt antes de que él la explique. El sólo la confirma y amplía con una economía léxica muy poderosa. Ella no pregunta por escalas o procedimientos, percibe inmediatamente dos personajes musicales.

Entonces, Björk abre la veta que me gustaría destacar: la verdad sonora no radica en el compositor de manera definitiva, ni mucho menos en la crítica comercial, sino en el escucha, en el oyente que se permite entrar y vivir dentro de la música de Pärt. La respuesta, si es que hay alguna, vive en la audiencia. Además un dato contextual a señalar: esta conversación forma parte de Modern Minimalists para la BBC en 1997, donde Björk también presentó a otros creadores, como a Mika Vainio de Pan Sonic (músico de la escena electrónica ) y Alasdair Malloy (intérprete de armónica de cristal). Su intención era mostrar artistas que, desde lugares muy distintos, estaban replanteando la relación entre estructura, textura, silencio y espacio sonoro. ¿Todos ellos minimalistas? Es claro que no. Aunque la economía de recursos, la delicada selección de sonidos y la incorporación activa del silencio, a la manera de Cage y otros contemporáneos a Pärt, orillan al oyente a usar términos generales para ubicar las obras de los artistas del sonido.

Nota sin música: para conocer el catálogo completo de la obra de Arvo Pärt, incluido el “periodo silencioso”, véase Arvo Pärt Centre.